Es rara la sensación de un bienestar inconcluso que debería estar completo, lo que motiva,
muchas veces, las ganas de seguir buscando
eso que ramifica pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos y estar de un color determinado. Comprendiendo el camino y aceptando cosas que fueron quedando atrás.
Como así también las que nunca se fueron y se mantienen ahí.
Trayendome recuerdos, recurrentes. Olores que tienen lugar a una leve sonrisa,
estaciones que bailan de distinto color, algo único, que las hace hermosas.
Quizas sea por eso, que siento la necesidad de volver a donde el camino
tuvo improvistos autocausados por una realidad que nubló los ojitos un tiempo,
pero sedió otro sentido, para retomarlo nuevamente.
Química pura, la que tal vez hoy genera conclusiones inestables en mi mente,
que me da raíces en los pies. Lo que me hace permanecer, en un pedasito de mi interior, nostálgica.
Abriendo la mente, abriendo los ojos, iluminada por el amor, el corazón palpita.

Un aroma que activa la conciencia y da vida a la paciencia, fundalmentalmente paz, en sorbos de pureza.

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